Opendoor tiene el atractivo de develar la naturalidad del estilo Iosi Havilio.“Otra vez a la ruta, campo a la derecha, campo a la izquierda, una rotonda y otros cuarenta minutos hasta la entrada de Open Door. Por la ventanilla pasan la llanura, los countries, y las vacas”, dice la narradora, que llega a un campo cercano a la colonia psiquiátrica Open Door para revisar un viejo caballo. Lugar que elige para refugiarse, luego de la desaparición de su novia. Allí conoce a Jaime y Eloísa, una símil lolita que se las trae.
El punto de vista de una chica estudiante de veterinaria, le permite a Iosi Havilio una escritura de aparente sencillez pero que logra reflejar las voces de todos los personajes de la novela; la representación del medio rural o paisaje pueblerino y la ciudad que empieza a desdibujarse como en un sueño. A lo largo de la lectura sobrevuela una atmósfera de duermevela o sueño fatigoso que le dan al relato un tono y un ritmo cansino como esos días agotadores de 39 grados a la sombra. Sin embargo, los acontecimientos y las tonalidades van cambiando y transformándose capítulo tras capítulo, rápido e imperceptiblemente, tal vez como “Open Door (que) no se dice siempre igual. Algunos dicen ópendor, y otros opendór. Eloisa dice ópendor, Boca y Jaime opendór. Todavía yo no me decido. Depende del momento y de quién tenga enfrente. En general digo ópendor, pero la verdad es que no sé cuál de las dos me gusta más”.

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Opendoor
Iosi Havilio
Entropía
199 páginas.

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