El sello Bosque Energético, fundado en 2022 en Buenos Aires, lanzó a librerías una denominada memoria autobiográfica del narrador, cineasta y dramaturgo nacido en Córdoba, Argentina, en 1971.

Rara avis en el panorama editorial argentino, Bosque Energético se especializa, según declaran sus fundadores, en “la publicación de diarios íntimos, autorretratos, cuadernos de artistas, bitácoras de viaje, micrografías, novelas camufladas en diarios y falsos diarios”. Esta singularidad viene acompañada de una ajustada selección de las obras que integran su catálogo, cualidad que se evidencia, como en los títulos anteriores que ya alumbró, en la calidad de los textos ofrecidos al lector. Una peculiaridad que confirma Diario inconsciente (1), densa bitácora de una internación psiquiátrica que, a primera vista, puede haber sido real o no, lo que en letras carece de mayor significación.

La primera persona del singular empleada por Loza, si bien potencia la verosimilitud que acepta casi de inmediato el lector, sumada a la intensidad más que inquietante de los hechos narrados con una significativa naturalidad y crudo detalle, tampoco viene a ratificar por sí o por no esta cuestión absolutamente secundaria.

Lo importante de estas casi cien páginas es otra cosa, desde el punto de vista literario: la capacidad del autor para transmitir las sensaciones tan vívidas que destila la voz narrante, dotada de una capacidad constante para no perder contacto con la realidad circundante y la interna, pormenor que contradice la certeza de que efectivamente se trata del registro de una psicosis digna de internación, así la escritura haya sido posterior al encierro en un instituto neurosiquiátrico, por una parte. Por la otra, esta característica posibilita comprender mucho mejor cuanto le ha sucedido subjetiva y objetivamente al protagonista -insisto: real o ficticio, lo mismo da- en medio de procedimientos médicos tan drásticos como las sesiones de electroshock o la agresiva hidroterapia a la que es sometido con mangueras de alta potencia.

Inscribe Loza en la página 35: “Llevé un cuaderno a la internación, pero no escribí nada. Pasé tres años o más sin escribir (…) No recuerdo cuándo volví a escribir, tampoco cuándo dejé de hacerlo. Siempre llevé cuadernos, por las dudas”, hábiles aclaraciones que hacen más nebuloso el origen del texto, efecto que está muy bien logrado.

Si al despertar recordamos solo un recorte, el más conveniente y el menos conflictivo, de nuestros sueños, ¿cuánto más deformaría los recuerdos de una internación psiquiátrica alguien que egresa de ella y se dispone a escribir sobre ese período de su existencia?

Sin embargo, todas estas características no son lo más importante que nos ofrece Diario inconsciente, que desde luego del adjetivo no tiene nada. Es un relato muy lúcido de las relaciones que establece el protagonista con los otros internados, el personal profesional y auxiliar que atiende su caso convencido de estar procurando su curación, sus familiares (la hermana, la tía, la madre, esta última que le recomienda “portarse bien” cuando la llama por teléfono…), el amigo siempre vestido de negro de cuya compañía se hace. En fin, las interrelaciones que establece durante su confinamiento, conflictivas, extrañas, humillantes unas, casi oníricas otras; pero que, en su conjunto, ponen más de relieve la pugna de su conciencia por mantenerse “de este lado de las cosas”. Una mente capaz de comprender y analizar, generalmente con profundidad a lo largo de Diario inconsciente, todas las etapas que atraviesa el personaje, en definitiva, no puede ser de modo alguno el espejo distorsionado y fragmentado en mil pedazos tan propio de un yo que se ha perdido en el infinito de la no significación o en el fallido intento, repetido una y otra vez, de rearmar la imagen del mundo y del propio ser que caracteriza a la locura.

Para aumentar la ilusión posible de que este volumen contiene la memoria de un período desesperante de la vida del autor, afortunadamente Loza no recurre a esas precisiones inverosímiles de los recuerdos supuestos que tachonan por aquí y por allá las autobiografías, al estilo de: “Mi niñez se halla toda asociada a la casucha del Coronel y al viejo sofá del comedor. En este sofá, chapado de madera roja imitando caoba, era donde yo me sentaba para tomar el té, para comer, para cenar, donde jugaba con mi hermana a las muñecas y donde, más tarde, me entregaba a la lectura. La tela estaba rota por dos sitios. Tenía un agujerito pequeño del lado donde se sentaba Iván Vasilievich y otro, bastante mayor, donde yo tomaba asiento junto a mi padre” (2). El subrayado es mío y me ahorra todo comentario.

Tampoco Santiago Loza utiliza el remanido recurso de ir mostrando paso a paso la descomposición de la conciencia, desde un estadio más o menos “normal” de esta -si es que la normalidad es algo que existe, quizá no- hasta el pleno delirio canibalístico, por ejemplo, como lo hace Lu Xun en su célebre cuento Diario de un loco: “Con esta historia mía de cuatro mil años comiendo hombre, que yo en principio desconocía, ahora que la veo claramente, ¡qué difícil me va a resultar mirar cara a cara a los verdaderos hombres!” (3).

Elige el autor -muy conscientemente, por cierto- una tercera posibilidad, que aunque resulte tan inverosímil como el recuerdo de los agujeritos del infante Trotsky, y casi tan repetida como lo que primero perpetró (desde otra perspectiva) Lu Xun en 1918, no deja de tener un grado de efectividad convincente: mostrar cómo la locura tal vez, y solo tal vez, sea otro estado diferente de la conciencia, en el caso de su personaje, agudizada por las mismas circunstancias que le toca atravesar y padecer.

Este punto de vista siempre tuvo firmes partidarios en el siglo pasado y continúa teniéndolos en el presente, desde la admiración por los textos del surrealismo con su siempre seductor perfume psiquiátrico, hasta la consagración de su probabilidad en la primera novela del estadounidense Ken Kesey, One Flew Over the Cuckoo’s Nest (4), donde el que tiene razón es Randle Patrick «R.P.» McMurphy, el protagonista internado en un manicomio, allí donde la comunidad aloja a los que expulsa de su seno por no adaptarse a las convenciones sociales y el esperado modo de comportamiento.

En definitiva, el lector siempre es y será un voyeur autorizado por nuestra sociedad, francamente interesado en la vida de los demás seres humanos, sean estos reales o ficticios… Y ello, conozca o no el que lee que, al pasar una vida al papel, toda ella se vuelve inmediatamente ficción, sin medias tintas ni atenuante alguno.

 

El autor

Santiago Loza nació en Córdoba en 1971. Dirigió los largometrajes Extraño, Rosa patria, La Paz, Malambo, Breve historia del planeta verde y Amigas en un camino de campo. Sus películas fueron galardonadas y exhibidas en Cannes, Berlín, San Sebastián, Londres, Roterdam y Locarno. Sus obras dramáticas han sido representadas en Argentina y en el exterior, han obtenido diversos premios y han sido traducidas a diferentes idiomas. Participó del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. Publicó su obra teatral en Textos reunidos (Biblos, 2014) y Obra dispersa (Entropía, 2017); los libros Yo te vi caer (2016) y Nadadores lentos (2021) en DocumentA/Escénicas, y las novelas El hombre que duerme a mi lado (2017) y La primera casa (2019) en Tusquets Editores.

 

NOTAS

(1) Editorial Bosque Energético, ISBN 978-987-48831-0-0, 96 pp., Buenos Aires, Argentina, 2022. https://bosqueenergetico.empretienda.com.ar/

(2) León Trotsky, Mi vida, página 11, ver: https://docs.google.com/file/d/0ByVW1G–4tQDZGRVMG5TX3h5dWc/edit?resourcekey=0-z2Nr3G9O5uN1NxjzegbiIQ

(3) Lu Xun, Diario de un loco, sección XII, ver: https://ddooss.org/libros/Xun_Lu_El_diario_de_un_loco.pdf

(4) Ken Kesey, One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Viking Press, Nueva York, 1962. Traducida al español como Alguien voló sobre el nido del cuco y que fue adaptada al cine bajo el título Atrapado sin salida, film dirigido por Milos Forman en 1975, con Jack Nicholson en el papel de Murphy.

Sobre El Autor

Luis Benítez nació en Buenos Aires, Argentina, el 10 de noviembre de 1956. Sus 42 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay. Último título publicado: Una gran guerra habita las cosas. Lo mejor de Luis Benítez (antología poética, selección y prólogo de Gabriela Guerra Rey, maestrante en Letras Latinoamericanas por la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM-, Editorial Aquitania Siglo XXI, Ciudad de México, México, 2022).

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